La trama (y subtramas) son algo más que política

Como un libro abierto…

 

Puede que en este punto, después de cuatro meses trabajando en tu futura novela, empieces a darte cuenta de que esto no es tan fácil como parecía mientras soñabas en la cama con tu trilogía superventas, su versión cinematográfica protagonizada por Kenneth Branagh (o tu buenorro favorito) y el jacuzzi que ibas a poner en el ala oeste de tu mansión.

No es fácil, no, pero poco a poco vamos construyendo nuestra historia y hoy vamos a por el último artículo (por ahora) dedicado a la planificación de tu novela, centrándonos en algo que es de vital importancia: LA TRAMA.

Os prometo que no voy a hablar de política.

Tienes ideas. Montones de ideas. Las ideas no te dejan dormir y tú, que ya has aprendido de tus errores, las has ido apuntando todas en una libreta que guardas como tu mayor tesoro. Tienes montones de ideas, sí, pero hay una que es especial, que te mira y te pones tontorrón cuando lo haces. Estás la mar de contento porque, oh sí, esa idea es única, inimitable, y de ahí va a salir esa gran historia que te va a hacer millonario (o te va a permitir pagar el alquiler, que tampoco está nada mal).

Sin embargo, te sientas a escribir y descubres, oh terror, que una buena idea no es suficiente, y que no sabes por dónde meterle mano a esa idea tan molona para que acabe siendo una buena historia, de verdad. Vamos a ser realistas: una idea, por muy buena que sea, no es suficiente. Siento destrozar tu sueño de piruletas y bombones pero es lo que hay.

Una buena idea, incluso una idea normalita, es el germen, el principio, y como a una semilla vas a tener que regarla y darle mimitos para que tire para arriba. Es un principio, ojo, y no está nada mal, pero tienes que ser consciente de que hay mucho trabajo detrás de una buena idea. Supongo que a ti también te ha pasado, que ves una película o lees una novela y piensas Bueno, la idea tampoco es para tanto, se le podría haber ocurrido a cualquiera. Tienes razón, puede que la idea en sí no sea para tirar cohetes pero es todo el trabajo que hay detrás lo que le da fuerza a esa idea y lo convierte en lo que es: una historia redonda.

Planteamiento, nudo y desenlace, tu nueva triada divina

Todas las historias (o casi todas) se pueden resumir en una frase corta: Alguien quiere algo. A partir de esta premisa tenemos mil historias diferentes pero esa es la clave principal. Dependiendo de la historia que estés escribiendo tu protagonista puede querer encontrar al amor de su vida, dominar la galaxia o destruir el anillo único, pero es esa motivación lo que va a hacer que el lector siga a tus personajes, y tienes que dejar claro cuanto antes qué es lo quieren tus personajes o el lector se aburrirá.

Normalmente las historias se dividen en tres partes bien diferenciadas, esas que todos conocemos por haberlas estudiado en el cole: Planteamiento, nudo y desenlace. OJO, por supuesto que existen historias que no siguen este patrón, pero me voy a centrar en lo general, lo que más abunda, dando por sentado que sabéis que existen otras maneras de narrar.

Normalmente, tanto el planteamiento como el desenlace ocupan cada uno un 20% o un 25% de la historia total, dejando el grueso de la historia para el nudo. Hasta aquí el esquema más superficial, pero es que necesitamos algo que vaya poniendo problemas a nuestro protagonista, problemas que hacen que la historia avance y es que si tu historia va de un hombre que desea un café con toda su alma y llega a la cocina y se lo toma, ya has terminado con tu historia. Necesitas crearle problemas al personaje: que no quede café, que su pareja se lo haya tomado todo, que su hijo se lo tire cuando esté a punto de tomárselo, etc. A estos problemas, imprescindibles en la historia, los llamamos puntos de inflexión o puntos de giro, porque son los que hacen que tu protagonista se enfrente a una nueva situación y tenga que recalcular (por así decirlo) sus próximos movimientos.

Para que lo veais totalmente claro voy a utilizar como ejemplo la historia de La bella y la Bestia, ahora que está tan de moda, y es que seguro que la conocéis. En esta historia, el planteamiento sería la presentación de Bella como una chica algo rarita que vive con su padre en un pequeño pueblo donde se aburre como una ostra. Tiene un pretendiente bastante molesto y egocéntrico (Gastón) pero sueña con ver algo más y conocer el amor. Hasta aquí la presentación de los personajes (el Planteamiento) y del mundo donde viven, para que el lector los conozca y se preocupe por lo que les va a pasar.

Sin embargo, a este entorno calmado e idílico se aproxima un punto de inflexión. El padre de Bella se pierde en el bosque y es apresado por la Bestia en su castillo, lo que lleva a Bella a intercambiarse por él. De repente, el mundo de Bella ha cambiado de manera radical, y se ve viviendo con Bestia en un castillo encantado donde los muebles y la cubertería se dedican a cantar y a bailar.

Este punto de inflexión da comienzo al Nudo de la historia, donde Bella y Bestia se van conociendo, cantando, bailando, y claro, el amor empieza a florecer (especialmente cuando Bestia le regala una biblioteca que muchas quisiéramos para nosotras). Si todo siguiera así de bien y de bonito nos habríamos quedado sin historia, por lo que aquí viene a toda velocidad otro punto de inflexión.

Bestia deja marchar a Bella para que salve a su padre de Gastón pero todo sale tan mal que todo el pueblo, liderado por Gastón, va a matar a la Bestia. Entramos ya en el Desenlace, donde Bestia muere y Bella desconsolada le declara su amor, lo que rompe el hechizo justo a tiempo, Bestia se convierte en un apuesto príncipe y viven juntos felices para siempre. FIN.

Este es un ejemplo para que veáis claro los puntos de inflexión o problemas que vas a tener que presentarles a tus personajes para que no se duerman en los laureles, pero ya depende de ti ingeniártelas para mantener la atención del lector a lo largo de tu novela y evitar a toda costa que cierre el libro dándolo por imposible. Tu historia tiene que tener, como mínimo, dos puntos de giro: el primero será el que cambie el mundo del protagonista (Frodo encuentra el anillo, Luke conoce a Obi-Wan y mueren sus tíos, etc) y el segundo será el que nos lleve hasta el desenlace de la historia. Por supuesto, puedes incluir los que quieras y esto depende mucho del tipo de historia que estés escribiendo.

Tema, argumento y trama no son los títulos de una trilogía fantástica

Ya has escrito un resumen de dos páginas de tu trama, por lo que más o menos deberías tener claro dónde van tus principales puntos de giro. Sin embargo, siento decirte que con esto no es suficiente, y es que también vas a necesitar otras subtramas para tener al lector entretenido, y es que suelen ser así de exigentes. En el caso de La bella y la Bestia la subtrama principal la protagoniza Gastón, que tiene sus propios objetivos (esto es, casarse con Bella, esté ella de acuerdo o no), que pueden ser paralelos o contrarios a los del protagonista.

Estas subtramas tienen también sus propios puntos de inflexión, que afectarán en mayor o menor medida a tu protagonista y hará que el lector siempre esté pendiente de lo que pasa en tus páginas, que es justo lo que queremos como escritores (además de comprarnos el jacuzzi, claro está). Estas subtramas se merecen el mismo respeto que la trama general y deberás seguir con ellas el mismo proceso que has seguido con la principal.

El escritor Enrique Páez nos cuenta en el libro Escribir (un libro que os recomiendo mucho, mucho y del que os hablaré pronto con más profundidad) que

Tema, argumento y trama son los andamios que debes levantar antes de comenzar un relato o una novela. No es la única manera de hacerlo, pero sí una de las más recomendables.

El tema es quizás lo que más nos va a costar así de entrada, a no ser que tengas muy clara toda tu historia, pero la mayoría de las veces la duda se va despejando sola cuanto más trabajamos la planificación. Para Páez, el argumento sería ese resumen que hicimos en el artículo anterior, es decir, esa idea maravillosa que tuviste al principio desarrollada en profundidad, mientras que la trama propiamente dicha sería la planificación más exhaustiva de este argumento, ya con sus divisiones en capítulos y demás.

Por supuesto, recuerda que tú decides cuanto quieres profundizar en esta planificación y que, de todos modos, es bastante probable que vayas cambiando cosas según vayas escribiendo, pero si llevas a cabo esta planificación siempre tendrás el alivio de saber que los principales puntos de giro están cubiertos, así como los posibles agujeros que habrás detectado al ir escribiendo. Este paso no es fácil, pero con una buena trama bien detallada te resultará mucho más fácil escribir tu historia, te lo garantizo.

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