Kenneth Branagh puede ayudarte a ser mejor escritor (aunque él no lo sepa)

Es mi novio, pero él aún no lo sabe

Kenneth Branagh es el amor de mi vida, aunque él no lo sepa. De hecho, estoy segura de que no tiene ni idea de esto, y eso le permite hacer su vida con tranquilidad, sea lo que sea que hacen los hombres guapos y talentosos como él.

No puedo negar mi amor por él (ni por Russell Crowe ni por Jason Isaacs ni por tantos otros) pero aunque no lo parezca, en realidad yo vengo a hablaros de los personajes de vuestra novela y cómo el amor puede haceros mejores escritores.

Igual que no puedo negar mi amor por Kenneth (sí, ya hay intimidad) tampoco puedo negar que la creación de personajes es mi parte favorita cuando estoy trabajando en una novela. De hecho, soy malísima con la creación de tramas, mientras que mi punto fuerte son los personajes, que suelen ser la mar de monos (y no hablo solo de belleza física, ojo).

Las tramas son importantes en una novela, por supuesto. Especialmente si hablamos de ciertos géneros como aventuras, thrillers, etc. Sin embargo, lo que de verdad va a enganchar a tus lectores a tus páginas son los protagonistas, unos personajes con los que poder identificarse u odiar, creíbles, humanos (a no ser que escribas sobre civilizaciones extraterrestres, of course) y, en definitiva, interesantes.

No quiero decir con esto que no necesites una buena trama, en absoluto. De hecho, he leído muchas novelas en las que los personajes son fantásticos pero no hay trama en absoluto y siento deciros que eso tampoco vale, para mi desgracia. Pero sí que es cierto que unos personajes fuertes y bien construidos tienen muchos puntos para atrapar al lector y hacer que siga sus aventuras, sean cuales sean. En mi caso, me da igual que Kenneth Branagh intente vengar a su padre asesinado o darle vida a una criatura hecha de trocitos de cadáveres. Eso es o de menos. ¡Es Kenneth Branagh!

Suele decirse que hay dos maneras de crear una historia (aunque es mentira, hay millones de maneras, tantas como escritores): ideas una trama y creas los personajes para que la lleven a cabo O te enamoras de un personaje y luego ideas una trama para hacer que las pase canutas mientras tu amor por él crece y crece.

Adivinad de qué tipo soy yo.

Yo soy de las que se enamoran de personajes y, a partir de ahí, creo la historia. No siempre, claro cuando escribo relatos cortos me centro más en la trama, pero (casi) todas las ideas que he tenido para novelas han nacido después de enamorarme de un personaje, y que estos se parezcan sospechosamente a Kenneth Branagh (o Russell Crowe) es pura casualidad. Ejem.

Si tú no te enamoras de tus personajes te garantizo que tus lectores tampoco van a hacerlo, así que propongo que os enamoréis. Venga, es primavera, nunca os va a resultar más fácil que en este momento (si lees este artículo en otra época del año piensa que es primavera… en algún sitio). Enamorar es bonito, divertido y, quién lo iba a decir, muy útil.

Siempre he defendido las virtudes de escribir fanfic y aunque algún día os hablaré de ello más a fondo, creo que es una muy buena manera de inspirarse para os personajes. A ver, entendedme, todo esto va con matices, claro. No os estoy animando a escribir cuatrocientas mil palabras sobre un tal Harry Potter y que esperéis publicarlo, pero sí que es totalmente lícito enamoraros de personajes, inspiraros en ellos y crear vuestra propia obra.

Y aquí es donde entra Kenneth Branagh en acción. El truco es tener tu imagen mental y escribir pensando en Kenneth (o cualquier buenorro/a que te guste, venga) mientras creas un personaje totalmente nuevo. Ejemplo práctico vergonzoso y muy real (ojalá no lo fuera): Me encanta Jason Isaacs y en la película Armageddon sale algo así como un total de cinco minutos (pero guapísimo, eso sí) haciendo de, literalmente, el hombre más inteligente del mundo. Era inevitable enamorarse, claro. ¿Resultado? Más de doscientas páginas de novela romántica en la que el protagonista está inspirado en este personaje y que nadie en sus más locos sueños podría relacionar ni remotamente con una película como Armageddon.

Y os mentiría si os dijera que es la única vez que me ha pasado. Qué va. En absoluto. Creo que todas mis historias largas están inspiradas en casos parecidos, ya sea porque me gusta un actor, un personaje de un libro o incluso, en el caso más delirante, en el nombre de un personaje literario (hola, Haviland de Luce), pero es que una vez que salta la chispa es imposible de parar. Soy así qué se le va a hacer. Me voy enamorando por los rincones más insospechados y no me arrepiento de nada.

Esto es una cuestión personal, pero siempre me ha ido mejor con las historias basadas en personajes que con las que están basadas en la trama. Entiendo que es por el amor por los personajes, porque una vez que han nacido en mi cabeza ya no puedo parar y necesitan saber hasta dónde pueden llevarme. Es un poco absurdo, lo sé, pero el amor siempre me ha dado buen resultado, así que no veo razón para cambiar a estas alturas.

Os propongo una cosa. En los próximos días vamos a trabajar a fondo los personajes de nuestra novela en un año, pero para los próximos días os propongo un juego: piensa en todos esos personajes, ya sea de libros, películas, series e incluso personas reales y crea historias a partir de ellos. Intenta que las nuevas historias sean diferentes a las que viven normalmente esos personajes y prueba a cambiarle el nombre. Si le contáis estas ideas a otras personas sin hacer referencia al original en la gran mayoría de casos no sabrán a qué personaje os referís, por muy famoso que sea.

Haced la prueba, ya veréis. Además de impulsar vuestro amor cuando terminéis tendréis un nuevo montón de ideas para próximas historias, no digáis que no os lo advertí…

 

 

 



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