Escritores como nosotros (o el Mito del Escritor)

Sí, Ken Follet también se ha manchado alguna vez mientras comía.

Hay una gran mitología no oficial alrededor de los escritores. Para el público general, para lo que se suele llamar de forma genérica la gente los escritores son genéticamente humanos pero no son personas como nosotros. Ni mucho menos. Hombre, por favor. ¿Cómo va a ser igual que yo Stephen King? ¿cómo voy yo a parecerme a Dolores Redondo? Si ellos son superestrellas literarias y yo me me dedico a escribir en los (pocos) ratos libres que tengo y he publicado poco/nada. Pues siento decíroslos, queridos míos, pero estáis (estamos) equivocados. Hay mucho mito alrededor de los escritores y sí, tú también te los has creído.

Escritor es, por definición, alguien que escribe. Una definición que se nos queda un poco corta, es verdad, pero que por ahora nos sirve. No vamos a entrar en si es más escritor alguien que publica que otro que acumule novelas en el cajón, ese debate lo dejamos para otro día en el que tenga más fuerzas y luego pueda salir a emborracharme. El caso es que tenemos una idea equivocada de lo que es un escritor y además (Oh.Dios.Mío) muchas veces ayudamos a perpetuarla y no ganamos absolutamente nada con esto.

Cuando hablamos de escritores tendemos a pensar en una suerte de genios. Personas que viven en un mundo paralelo (normalmente mejor que el nuestro, claro), que se dejan llevar por las musas y que, por decirlo de manera rápida, son especiales. Son de otra pasta, vaya. Siente y piensan de manera diferente, son almas obligadas a permanecer entre los simples humanos porque qué remedio, no les queda otra.

Y no. Un no rotundo.

Escribir, y sobre todo, escribir bien, es un don, ojo, no me malinterpretéis. No porque aprendieras a escribir en el colegio ya serás capaz de escribir una novela, y estoy totalmente en contra de eso de “escribir es fácil y cualquiera puede hacerlo”. Eso es otra historia y debe ser contada en otra ocasión, porque hoy quiero irme al otro extremo, al de “Los escritores somos criaturas únicas y especiales, no podrías comprenderme”.

Me mata ese rollo de algunos escritores de genios incomprendidos, de criaturas en constante sufrimiento para dar a luz a una obra genial que, oh sorpresa, no obtiene el resultado que esperaban porque los lectores no saben . Todo ese rollo de que para escribir hay que sufrir (y se sufre, ojito, pero no de la manera que se nos vende), que hay que ser un alma dedicada a la Literatura y que si no vendo más es porque los lectores no tienen ni p*** idea de lo que deberían leer. Todo ese rollo de es que soy escritor, vivo en mi mundo y que no es sino una mala excusa para escurrir el bulto o, en el peor de los casos, hacer sentir inferior a los demás.

Venga, confesad, todos conocéis a algún escritor de este tipo.

Conozco a muchos escritores. Muchos. Y, por suerte, te das cuenta de que la mayoría son gente normal, como tú y como yo. Gente que tiene ideas y tienen el don para saber contarlas (igual que mi madre tiene el don de hacer las mejores croquetas del mundo), pero que en su día a día viven como el resto de personas. A veces se quedan atascados en una escena, y otras veces tienen ganas de mandarlo too a la mierda y salir a beber cerveza con sus amigos. A veces, de manera misteriosa, les llega una idea genial y la apuntan deprisa y corriendo porque están en una comida familiar y quieren seguir disfrutando de la compañía. Gente, en definitiva, como tú y como yo, pero cuyo trabajo es escribir (en la mayoría de los casos tienen otro trabajo, como tú y como yo, porque ya sabemos que lo de vivir de las publicaciones está complicado).

A J. K. Rowling seguro que se le han roto las medias alguna vez. Probablemente, alguna vez en su vida, a Juan Gómez-Jurado se le han pegado los macarrones. Gente que ve series en televisión y va al cine, gente que siente pasión por el chocolate o apenas le gustan los dulces. Gente normal, en definitiva, por si no os había quedado claro. Gente que, también, tiene un montón de ideas en su mente y se dedican a sacarlas al mundo de la mejor manera posible.

Vamos a halar claro: gilipollas hay en todos lados, y entre los escritores no iba a ser menos. Si os movéis por este mundillo acabaréis identificando a los genios incomprendidos con un par de miradas y, con suerte, podréis manteneros lejos. Todo lo lejos que podáis, de hecho, porque salvo contadas ocasiones no os llevaréis nada positivo de ellos.

En definitiva: escribe. Seas como seas. Tanto si te gusta los videojuegos como si eres forofo del cine de la Hammer. Si consumes té con pasión o eres más de Red Bull. Escribe. Esfuérzate. Mira a los autores para mejorar y no para compararte y, por supuesto, huye de los que afirman que para ser escritor hay que estar hecho de una pasta especial porque no es verdad, y cuantos más escritores conozcas más te darás cuenta de esto.

Y vosotros, ¿habéis identificado ya a algún genio incomprendido?

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